jueves, 13 de septiembre de 2012

¿La razón o el corazón?



Yo creo que este tema llamará la atención de muchos, los que usualmente me leen y los que de alguna manera verán el título y querrán saber más…
Y es que esta es una de esas preguntas clave que no dejamos de hacernos todos los humanos alguna vez: ¿Seguiré a mi corazón o seguiré a la razón? Encrucijada que esta ilustrada otras veces como la típica escena del angelito y el diablito a cada lado de la cabeza, susurrándonos qué dirección tomar.


El corazón es permisivo, se deja llevar por sentimientos muchas veces alimentados de insignificancias y muchas veces iniciados por fantasías que nos hacen subjetivos. Es eso lo que no lo hace de fiar.
La razón es estricta, experta en realizarle el D.O.F.A  a cada situación que se  nos presente y a toda persona que se nos encontremos en el camino. Es objetivo y es acertado, cuando la guía es Dios mismo.

En la vida se nos presentan dilemas a diario, que sin una dirección nos puede hacer desviar del camino y por una mala decisión, puede cambiarnos la vida por completo y no precisamente para bien.  Hay una frase que una vez leí y me quedó marcada para siempre: “Una buena decisión a tiempo, será una bendición a su tiempo.”

Me impresionó porque en una línea, me hizo simple lo que parecía ser complicado. Pero yo no les escribo que es mejor darle el chance a la razón por esa frase que realmente no se el autor, ni recuerdo dónde la leí. Yo baso esta publicación en el libro maestro que dice:

Nada hay tan engañoso como el corazón.
    No tiene remedio.
    ¿Quién puede comprenderlo?
Jeremías 17:9 (NVI).

Por eso el Señor nos recomienda guardarlo. Ahora veamos por qué…

Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios,

los adulterios, la inmoralidad sexual, los robos,

los falsos testimonios y las calumnias. Mateo 15:19 (NVI).


Suena exagerado pero no lo es, las personas se van dañando poco, hasta llegar a esas acciones. 

Siempre hay momentos en los que nos preguntamos qué hacer. No faltará la amiga/o, que ignorando la verdadera sabiduría, te aconsejará que hagas lo que dicta tu corazón; aunque tampoco es la idea ser extremistas y desaparecer nuestros sentimientos. Sólo ten presente que cada acto trae su consecuencia, que hay que PENSAR las cosas más de dos veces. Cuando depositamos en el corazón la confianza nos alejamos del dominio propio, porque como él todo lo pinta lindo, cedemos a las emociones, cuando nuestra confianza ha de estar puesta en Dios.

No hay nada mejor que tener la razón alineada al corazón, ahí es cuando realmente podemos apreciar que algo es bueno para nosotros. Así que dejemos de conducirnos según nos dicen “oportunos amigos/as”, dejemos de permitirnos caer en lo que enemigo presenta y escudriñemos más la biblia para que nos vaya bien.

Cuando confías en Dios: Estarás satisfecho, sin temor y sabrás que Dios te cuida no importa lo que pase ¡Serás bendecido!




Por: Eliana Raventos.

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