No es muy usual escuchar la palabra “santidad” fuera de
nuestra iglesia y aún dentro de ella, para algunas personas resulta una palabra
mayor.
Se percibe como una gran exigencia porque se piensa que
es sinónimo de perfección, quedamos cansados sólo de imaginar todo lo que
deberíamos hacer para llegar a comportarnos en santidad. Es más, debe ser tan
difícil que ¿para qué nos molestamos en intentarlo, no?
¿Qué
es?
Hay una delgada línea entre el legalismo y extremo
libertinaje cuando hablamos de santidad. Para mi la santidad es una virtud que
se obtiene disponiéndonos a rechazar el pecado, recibiendo a Cristo y viviendo
como él nos enseña.
Veamos una definición de la que podemos tomar referencias
para globalizar la idea:
“Ser santos significa parecerse a Jesucristo en todo:
pensamientos, sentimientos, palabras y acciones. El rasgo más característico de
la santidad es la caridad (amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como
a uno mismo), que informa todas las virtudes: humildad, justicia, laboriosidad,
castidad, obediencia, alegría...”
¿Para
qué?
Queremos llevar una vida de santidad porque es la mayor característica
de nuestro Padre y como hijos suyos debemos honrarlo llevando su legado. Es nuestro
sello y la prueba de que somos verdaderos creyentes: “Antes bien, así como aquel que os
ha llamado es santo, también sed santos vosotros en todo aspecto de vuestra
manera de vivir” 1Pe. 1:15.
Para que podamos permanecer siempre firmes en el camino: “Para que sean afirmados vuestros
corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la
venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.” 1Ts 3:13.
Queremos llevar una vida de santidad porque significa
estar apto y limpios: “Así que, amados,
puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y
de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.” 2Co 7:1.
Pero lo más motivante, para cumplir el sueño anhelado de
todos los que lo amamos, ¡Ver a Dios!: “Seguid
la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” Heb
12:14.
Lo que le da más valor a la santidad es que es algo
personal e intransferible, que sólo tú puedes hacer, nadie lo hará por ti
y sus beneficios saltan a la vista, algo así como entrenar en el gimnasio, sólo con el sudor de tu frente te toca y claro que el proceso cuesta pero luego, ¿Quién
más orgulloso de esos abdominales que tú?
Creo que hemos visto la importancia que tiene procurar la
santidad. No es un mito, no es algo inalcanzable, es cuestión de voluntad y
amor. Si leímos esto poniéndonos en la mirada de nuestro Señor, meditaremos en
lo que debemos cambiar o mejorar para complacerlo, para estar día a día más
cerquita de él.
Por: Eliana Lucia Raventos E.
Por: Eliana Lucia Raventos E.
Mi Eli ya te iba a escribir para decirte que extrañaba tus artículos y....vi que publicaste...Está muy chévere y por supuesto que sale este domingo en el Eco News...Muchas gracias mi Eli TQM y que Dios te bendiga cada día más
ResponderEliminar