domingo, 12 de agosto de 2012

Santidad, ¿Qué y para qué?


No es muy usual escuchar la palabra “santidad” fuera de nuestra iglesia y aún dentro de ella, para algunas personas resulta una palabra mayor.

Se percibe como una gran exigencia porque se piensa que es sinónimo de perfección, quedamos cansados sólo de imaginar todo lo que deberíamos hacer para llegar a comportarnos en santidad. Es más, debe ser tan difícil que ¿para qué nos molestamos en intentarlo, no?



¿Qué es?
Hay una delgada línea entre el legalismo y extremo libertinaje cuando hablamos de santidad. Para mi la santidad es una virtud que se obtiene disponiéndonos a rechazar el pecado, recibiendo a Cristo y viviendo como él nos enseña.
Veamos una definición de la que podemos tomar referencias para globalizar la idea:
“Ser santos significa parecerse a Jesucristo en todo: pensamientos, sentimientos, palabras y acciones. El rasgo más característico de la santidad es la caridad (amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo), que informa todas las virtudes: humildad, justicia, laboriosidad, castidad, obediencia, alegría...”


¿Para qué?
Queremos llevar una vida de santidad porque es la mayor característica de nuestro Padre y como hijos suyos debemos honrarlo llevando su legado. Es nuestro sello y la prueba de que somos verdaderos creyentes: “Antes bien, así como aquel que os ha llamado es santo, también sed santos vosotros en todo aspecto de vuestra manera de vivir” 1Pe. 1:15.

Para que podamos permanecer siempre firmes en el camino: “Para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.” 1Ts 3:13.

Queremos llevar una vida de santidad porque significa estar apto y limpios: “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.” 2Co 7:1.

Pero lo más motivante, para cumplir el sueño anhelado de todos los que lo amamos, ¡Ver a Dios!: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” Heb 12:14.



Lo que le da más valor a la santidad es que es algo personal e intransferible, que sólo tú puedes hacer, nadie lo hará por ti y sus beneficios saltan a la vista, algo así como entrenar en el gimnasio, sólo con el sudor de tu frente te toca y claro que el proceso cuesta pero luego, ¿Quién más orgulloso de esos abdominales que tú?

Creo que hemos visto la importancia que tiene procurar la santidad. No es un mito, no es algo inalcanzable, es cuestión de voluntad y amor. Si leímos esto poniéndonos en la mirada de nuestro Señor, meditaremos en lo que debemos cambiar o mejorar para complacerlo, para estar día a día más cerquita de él.


Por: Eliana Lucia Raventos E.

1 comentario:

  1. Mi Eli ya te iba a escribir para decirte que extrañaba tus artículos y....vi que publicaste...Está muy chévere y por supuesto que sale este domingo en el Eco News...Muchas gracias mi Eli TQM y que Dios te bendiga cada día más

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